En este blog encontrarán la información más importante de la escuela, desde las voces de los propios alumnos

miércoles, 19 de agosto de 2026

Albertinos por el mundo: La vida en Estados Unidos (Minneapolis)


Por: Majo y sele 

Mudarse a otro país implica comenzar una nueva vida, enfrentar desafíos y aprender costumbres diferentes. En esta oportunidad entrevistamos a Leticia Gotta, una vecina originaria de Alberti (Buenos Aires) que actualmente vive en Estados Unidos junto a su familia. Ella nos contó cómo la mudanza surgió a partir de una propuesta laboral que recibió su esposo en la empresa General Mills y cómo, aunque el plan inicial era quedarse solo por tres años para aprender inglés y regresar, terminaron estableciéndose allí de forma permanente. A lo largo de la charla, Leticia compartió los detalles de su adaptación, las marcadas diferencias culturales y los recuerdos que mantiene intactos de su Argentina natal.

Entrevista

—¿Cómo surgió la oportunidad de irse a vivir a Estados Unidos?

Leticia: Yo soy de Alberti, viví ahí hasta los 18 años y luego me fui a estudiar Bioquímica a La Plata, donde conocí a mi marido, que es de Entre Ríos. Ambos trabajábamos en Capital Federal y vivíamos en La Plata. Mi esposo trabajaba en General Mills —la multinacional de La Salteña— y le propusieron venir a trabajar por tres años. Dijimos: "Venimos tres años, aprendemos inglés, los chicos aprenden inglés y nos volvemos". Pero a los tres años los chicos ya estaban súper adaptados y a él le ofrecieron quedarse. Además, en Argentina empleábamos más de tres horas al día solo en ir y volver del trabajo por el tráfico, mientras que allá en 15 minutos íbamos y veníamos. Ese tiempo ganado para estar en familia o ir al gimnasio nos hizo tomar la decisión de quedarnos.

—¿Cómo fue el proceso de adaptación para la familia y los chicos?

Leticia: Los chicos llegaron muy chiquitos: Nico tenía 8 años y Violeta 4 (hoy tienen 20 y 16). A los niños les resulta más fácil porque van creciendo con esa cultura. Para Nico el primer año fue un poco más difícil, por ejemplo con los cumpleaños, porque allá no se invita a todo el curso sino solo a un grupo reducido. Lo que los ayudó muchísimo a relacionarse y hacer amigos fue la natación y el deporte en general. Además, en las escuelas los cambian y mezclan de división todos los años, lo que les da más oportunidades de conocer distintas personas y encontrar amigos con intereses afines.

—¿Qué diferencias culturales marcadas encontraste entre ambos países?

Leticia: ¡El choque cultural es enorme! Allá todo es extremadamente ordenado, organizado y planificado. Para que un chico vaya a jugar a la casa de un amigo, las madres lo coordinan con 15 días de anticipación y la visita dura exactamente dos horas. O si quieres inscribir a tus hijos en alguna actividad como esquí o fútbol, tenés que anotarlos hasta seis meses antes; si te pasaste de la fecha de inscripción, perdiste el cupo. La relación con los vecinos es muy cordial y servicial, pero las casas son muy privadas: la gente no te invita a pasar a su casa a tomar unos mates, sino que te citan en una cafetería como Starbucks para conversar.

—¿Cómo manejan el idioma y la comida en el hogar?

Leticia: En casa se habla español argentino entre todos. Los chicos hablan inglés entre ellos, pero con nosotros se comunican en español. De hecho, en el distrito escolar donde estamos hicieron programas de inmersión en español y ellos saben leer y escribir ensayos en español perfectamente. En cuanto a la comida, comemos 100% argentino. Yo no me acostumbro a la comida lista de allá: hago mis propias milanesas, aprendí a cortar la carne, hago alfajores de maicena y manejo hasta una hora para conseguir tapas de empanadas.

—A nivel personal y profesional, ¿a qué te dedicás actualmente allá?

Leticia: Yo soy bioquímica, pero al principio estuve tres años sin trabajar por el tipo de visa. Cuando pude hacerlo, empecé a enseñar español a nenes de 4 años en el jardín de infantes del distrito escolar. Allá se valora mucho tener un título universitario (highly educated) para trabajar en las escuelas. Lo más curioso y gracioso que me pasa es tratar de hablar en español neutro para enseñarles a decir "llueve" o "llora" sin usar el "sh" tan típico del acento argentino, ¡aunque a veces se me escapa igual!

—¿Qué es lo que más extrañás de Argentina?

Leticia: Extraño muchísimo la informalidad, la calidez social y la espontaneidad: el poder caer de sorpresa a la casa de un amigo a tomar unos mates o charlar sin tanta agenda previa. Aunque me adapto y aprecio el orden de allá, siempre digo que me gusta más Argentina toda la vida. Por eso, hace 12 años que volvemos sin falta todos los años para pasar Navidad y Año Nuevo con nuestras familias y amigos.

Cierre

A través de esta conversación con Leticia, queda claro que emigrar es un aprendizaje constante que combina la adaptación a nuevas normas con el apego invariable a la identidad de origen. Si bien la tranquilidad, la eficiencia en la rutina y la organización son ventajas de su vida en Estados Unidos, el sabor de unas empanadas caseras, el idioma materno en el hogar y las vueltas anuales para las fiestas demuestran que el lazo con Alberti y la cultura argentina se mantiene más fuerte que nunca.

No hay comentarios: