Una historia de cambios, adaptación y nuevas experiencias
Eric Casey nació en Alberti y, como muchos jóvenes que deciden buscar nuevas oportunidades fuera de su lugar de origen, primero se trasladó a Buenos Aires para estudiar en la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, su recorrido no terminó allí. En enero de 2019 comenzó una experiencia que lo llevaría a vivir en distintos países y a conocer culturas muy diferentes a la argentina.
Primero se mudó a Suiza durante siete meses. Luego pasó tres años en Estados Unidos y, en 2022, regresó a Suiza, donde vivió inicialmente en Zürich. Desde hace un año reside en Biel, una ciudad más pequeña y bilingüe.
Su salida de Argentina comenzó por motivos profesionales. Como científico, explica que es bastante común trabajar durante algunos años en otros países. Lo que inicialmente parecía una experiencia temporal terminó convirtiéndose en un nuevo proyecto de vida para él y su familia.
Adaptarse a otro país no fue sencillo. La diferencia cultural, el idioma y las formas de organización de la sociedad hicieron que incluso algunas actividades cotidianas se transformaran en desafíos. Sin embargo, con el tiempo logró acostumbrarse a su nueva vida y descubrir aspectos de Suiza que hoy valora especialmente.
¿En qué país vivís actualmente y hace cuánto te mudaste?
Actualmente vivo en Suiza. Me fui de Argentina en enero de 2019. Primero me mudé a Suiza por siete meses, después estuve tres años en Estados Unidos y finalmente volví a Suiza en 2022. Inicialmente viví en Zürich y hace un año me mudé a una ciudad más chica que se llama biel.
¿Qué te motivó a irte de Alberti y posteriormente al extranjero?
Me fui de Alberti a Buenos Aires para estudiar en la Universidad de Buenos Aires. Después me fui al extranjero, al principio por cuestiones profesionales. Como científico, es bastante común trabajar dos o tres años en otros países. Al final, a mí y a mi familia nos gustó Suiza y terminamos quedándonos.
¿Cómo fue adaptarte a vivir en un país tan diferente a Argentina?
La adaptación fue difícil en varios aspectos. En Zürich se habla alemán, idioma que en ese entonces no conocía y que ahora tampoco conozco. Eso, sumado a las diferencias culturales con Argentina, hacía que cosas simples, como sacar un turno médico, fueran un desafío.
Una vez dediqué todo un día a sacar una fotocopia que necesitaba para obtener el permiso de residencia y ni siquiera lo logré. Ahora ya aprendí que las fotocopias se sacan en el correo y no en quioscos y librerías como en Argentina.
Normalmente, al principio uno está bastante perdido. Las leyes y la organización de la sociedad son muy diferentes y, si no sabés el idioma y no tenés a nadie que te ayude, la podés pasar bastante mal hasta que te acomodás.
¿Qué diferencias culturales notaste entre Argentina y Suiza?
Una diferencia muy importante son las relaciones interpersonales. En Argentina todo es más espontáneo, cotidiano y cercano. En Suiza, si bien la vida social es importante, las relaciones son más distantes.
La gente suele mudarse de ciudad y no vivir cerca de sus amigos o familiares. No se ven muy seguido y suelen hacer planes con mucha anticipación. Los encuentros espontáneos, en general, son imposibles. Eso hace que las familias estén más solas y que los encuentros con abuelos, tíos y primos sean mucho menos frecuentes.
Otra diferencia es que acá se vive más en comunidad y hay más uso de los espacios públicos.
La gente va a piletas de la ciudad, los estudiantes suelen compartir departamentos y hay muchos festivales e infraestructura de uso común.
También está el tema de los ruidos. Acá son muy quisquillosos con eso. Por ejemplo, los domingos no se puede cortar el pasto porque es muy ruidoso. Está prohibido y hasta te pueden mandar a la policía.
¿Qué es lo que más te gusta de vivir en Suiza?
Los espacios naturales. En Suiza es muy fácil acceder a ellos. Normalmente cada ciudad tiene un bosque cerca. Te metés en un bosque como si entraras en un parque y capaz te cruzás un ciervo.
Yo vivo a dos cuadras del bosque y en la ciudad en la que vivo actualmente también hay un río y un lago. Además, están los Alpes Suizos y llegar ahí es relativamente fácil.
Tener acceso fácil a esas cosas es lo que más me gusta de Suiza.
¿Qué es lo que más extrañás de Argentina?
La gente: mi familia y mis amigos. También la manera de relacionarse, poder hablar de cualquier tema y que la gente se involucre, que tenga ganas de juntarse y que eso no requiera un montón de planificación.
También extraño hablar y escuchar español de Argentina, las medialunas, los asados y la comida en general. La comida suiza es bastante mala. Y, por supuesto, la música. Si vas a un bar en Suiza, la música es muy distinta a la que se escucha en Argentina.
¿Cómo es un día normal en tu vida actualmente?
Entro a trabajar a las 7 y, como trabajo en otra ciudad, tengo casi una hora de viaje.
Normalmente voy en bici hasta la estación de mi ciudad, después tomo el tren y finalmente un colectivo de línea. Por eso arranco el día a las 5:30.
Normalmente trabajo hasta las 4 o 4:30. En Suiza las jornadas laborales suelen ser de ocho horas y media o nueve, sin contar los descansos.
Llego a mi casa aproximadamente a las 5:30 y, dependiendo de cuánta energía tenga, me quedo en casa con mi familia o llevo a mis hijos a pasar la tarde a algún lado.
En verano solemos ir a una pileta pública o al lago y cenamos ahí. En primavera y otoño normalmente vamos a algún parque con juegos o a pasear por el bosque. En invierno se hace de noche a las 4:30 o 5, así que se pueden hacer menos cosas.
¿A qué te dedicás actualmente?
Trabajo como científico de datos biomédicos. Trabajo en una empresa chica que desarrolló un anillo que detecta el flujo de sangre en el dedo y, con eso, calcula distintos parámetros biomédicos, como la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea. Entre otras cosas, yo hago algoritmos para calcular esos parámetros.
¿Tuviste dificultades con el idioma o las costumbres?
Sí, y las sigo teniendo. En Suiza hay tres idiomas oficiales: alemán, francés e italiano. Cada uno se habla en regiones que limitan con Alemania, Francia e Italia y también son diferentes culturalmente.
Además, hay un cuarto idioma, el romanche, que se habla solamente en una región bastante chica. En Zürich, donde viví los primeros tres años, se habla alemán, y donde estoy ahora vivo en una ciudad bilingüe donde se habla alemán y francés.
Afortunadamente, mucha gente en Suiza habla inglés, especialmente en las ciudades grandes, y eso hizo las cosas bastante más sencillas.
Una vida entre dos lugares
La experiencia de Eric muestra que mudarse a otro país no significa simplemente cambiar de lugar. También implica aprender nuevas costumbres, enfrentarse a dificultades y encontrar una nueva forma de relacionarse con el entorno. Lo que comenzó como una oportunidad profesional terminó convirtiéndose en una nueva vida para él y su familia.
Aunque reconoce que Suiza le ofrece espacios naturales y posibilidades que disfruta, hay cosas de Argentina que siguen teniendo un lugar importante en su vida: su familia, sus amigos, la comida, la música y, especialmente, la manera cercana y espontánea de relacionarse.
Su historia también muestra cómo una persona nacida en una ciudad como Alberti puede terminar construyendo su vida a miles de kilómetros de distancia, sin dejar completamente atrás el lugar del que partió.


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