En este blog encontrarán la información más importante de la escuela, desde las voces de los propios alumnos

miércoles, 19 de agosto de 2026

Albertinos por el mundo: La vida en Estados Unidos (Minneapolis)


Por: Majo y sele 

Mudarse a otro país implica comenzar una nueva vida, enfrentar desafíos y aprender costumbres diferentes. En esta oportunidad entrevistamos a Leticia Gotta, una vecina originaria de Alberti (Buenos Aires) que actualmente vive en Estados Unidos junto a su familia. Ella nos contó cómo la mudanza surgió a partir de una propuesta laboral que recibió su esposo en la empresa General Mills y cómo, aunque el plan inicial era quedarse solo por tres años para aprender inglés y regresar, terminaron estableciéndose allí de forma permanente. A lo largo de la charla, Leticia compartió los detalles de su adaptación, las marcadas diferencias culturales y los recuerdos que mantiene intactos de su Argentina natal.

Entrevista

—¿Cómo surgió la oportunidad de irse a vivir a Estados Unidos?

Leticia: Yo soy de Alberti, viví ahí hasta los 18 años y luego me fui a estudiar Bioquímica a La Plata, donde conocí a mi marido, que es de Entre Ríos. Ambos trabajábamos en Capital Federal y vivíamos en La Plata. Mi esposo trabajaba en General Mills —la multinacional de La Salteña— y le propusieron venir a trabajar por tres años. Dijimos: "Venimos tres años, aprendemos inglés, los chicos aprenden inglés y nos volvemos". Pero a los tres años los chicos ya estaban súper adaptados y a él le ofrecieron quedarse. Además, en Argentina empleábamos más de tres horas al día solo en ir y volver del trabajo por el tráfico, mientras que allá en 15 minutos íbamos y veníamos. Ese tiempo ganado para estar en familia o ir al gimnasio nos hizo tomar la decisión de quedarnos.

—¿Cómo fue el proceso de adaptación para la familia y los chicos?

Leticia: Los chicos llegaron muy chiquitos: Nico tenía 8 años y Violeta 4 (hoy tienen 20 y 16). A los niños les resulta más fácil porque van creciendo con esa cultura. Para Nico el primer año fue un poco más difícil, por ejemplo con los cumpleaños, porque allá no se invita a todo el curso sino solo a un grupo reducido. Lo que los ayudó muchísimo a relacionarse y hacer amigos fue la natación y el deporte en general. Además, en las escuelas los cambian y mezclan de división todos los años, lo que les da más oportunidades de conocer distintas personas y encontrar amigos con intereses afines.

—¿Qué diferencias culturales marcadas encontraste entre ambos países?

Leticia: ¡El choque cultural es enorme! Allá todo es extremadamente ordenado, organizado y planificado. Para que un chico vaya a jugar a la casa de un amigo, las madres lo coordinan con 15 días de anticipación y la visita dura exactamente dos horas. O si quieres inscribir a tus hijos en alguna actividad como esquí o fútbol, tenés que anotarlos hasta seis meses antes; si te pasaste de la fecha de inscripción, perdiste el cupo. La relación con los vecinos es muy cordial y servicial, pero las casas son muy privadas: la gente no te invita a pasar a su casa a tomar unos mates, sino que te citan en una cafetería como Starbucks para conversar.

—¿Cómo manejan el idioma y la comida en el hogar?

Leticia: En casa se habla español argentino entre todos. Los chicos hablan inglés entre ellos, pero con nosotros se comunican en español. De hecho, en el distrito escolar donde estamos hicieron programas de inmersión en español y ellos saben leer y escribir ensayos en español perfectamente. En cuanto a la comida, comemos 100% argentino. Yo no me acostumbro a la comida lista de allá: hago mis propias milanesas, aprendí a cortar la carne, hago alfajores de maicena y manejo hasta una hora para conseguir tapas de empanadas.

—A nivel personal y profesional, ¿a qué te dedicás actualmente allá?

Leticia: Yo soy bioquímica, pero al principio estuve tres años sin trabajar por el tipo de visa. Cuando pude hacerlo, empecé a enseñar español a nenes de 4 años en el jardín de infantes del distrito escolar. Allá se valora mucho tener un título universitario (highly educated) para trabajar en las escuelas. Lo más curioso y gracioso que me pasa es tratar de hablar en español neutro para enseñarles a decir "llueve" o "llora" sin usar el "sh" tan típico del acento argentino, ¡aunque a veces se me escapa igual!

—¿Qué es lo que más extrañás de Argentina?

Leticia: Extraño muchísimo la informalidad, la calidez social y la espontaneidad: el poder caer de sorpresa a la casa de un amigo a tomar unos mates o charlar sin tanta agenda previa. Aunque me adapto y aprecio el orden de allá, siempre digo que me gusta más Argentina toda la vida. Por eso, hace 12 años que volvemos sin falta todos los años para pasar Navidad y Año Nuevo con nuestras familias y amigos.

Cierre

A través de esta conversación con Leticia, queda claro que emigrar es un aprendizaje constante que combina la adaptación a nuevas normas con el apego invariable a la identidad de origen. Si bien la tranquilidad, la eficiencia en la rutina y la organización son ventajas de su vida en Estados Unidos, el sabor de unas empanadas caseras, el idioma materno en el hogar y las vueltas anuales para las fiestas demuestran que el lazo con Alberti y la cultura argentina se mantiene más fuerte que nunca.

Albertinos por el mundo: "A pesar de todo nunca bajé los brazos y seguí firme"

Hecho por Santiago Castillo, Juan Segundo Contreras, Dante Monges, Santiago Castañares y Damian Cabrera


En esta ocasión, tenemos la oportunidad de entrevistar a una albertina egresada de nuestra ciudad, quien actualmente reside en Estados Unidos. A lo largo de esta entrevista, nos compartirá su experiencia de vida y reflexionaremos sobre el proceso de adaptación que implica enfrentarse a una nueva cultura, cambiar de paradigma laboral y comenzar una vida en otro país.


¿Cómo fue el proceso de adaptarte a vivir en Estados Unidos y construir un nuevo círculo social?

—Al principio te sentís turista, pero con el tiempo se pone complicado cuando te das cuenta de que en realidad querés hacer tus raíces y hay cosas que sentís más a tu gusto que otras. Formar amistades fuera de Argentina es difícil. Fui muy curiosa y me pesaba el hecho de descubrir y aprender cosas nuevas. La familia de Charly fue muy cariñosa conmigo y sentí que tenía una parte de mi familia acá en Estados Unidos; eso hizo que las cosas se me hagan más fáciles.


¿Cuáles fueron las razones por las que decidiste mudarte y qué diferencias encontraste?

—Cada lugar tiene lo bueno y lo malo. En algún momento había cosas que no me convencían de Argentina. Cuando me mudé en el 2010, vivía en Buenos Aires, estaba cansada de vivir en la gran ciudad, las calles estaban cortadas mucho tiempo, tardaba un montón en volver a mi casa en colectivo... Estaba buscando un cambio. En ese sentido, te mudás a un lugar más organizado y ves que está bueno eso también. Por otro lado, está el extrañar tus sabores: aunque exista la misma comida, no es el mismo sabor que la de casa. Ciertas cosas sociales como la música, juntarte con amigos con otra espontaneidad, sin duda es muy diferente. El argentino es bastante más abierto, espontáneo y prioriza mucho esa parte social. Acá también es importante, pero a veces es todo muy programado.


¿A qué edad te fuiste?

—Cuando me mudé acá no era tan chica, fue después de haber terminado mi carrera, de haber trabajado ahí un par de años y de haber cerrado ciertas etapas que sentía importantes para mí. Si bien no fue algo tan planeado, lo hice en el momento justo para hacer un gran cambio. Tenía aproximadamente 27 años, una edad en la que me replanteaba el paso siguiente, qué venía después de la facultad y dónde quería vivir. Me estaba haciendo esas preguntas cuando surgió la oportunidad de mudarnos.


¿Tu decisión fue fácil de concretar o entendías que había momentos para cada cosa?

—Siempre tuve claro que me gustaba viajar y cerrar metas. Fui bastante consciente de que había edades ideales para todo, y con el tiempo me di cuenta de que era verdad. El tiempo de estudiar, de prepararme y de hacer un montón de cosas... Si lo postergaba por viajar no hubiese estado tan bueno. Capaz después me hubiese costado retomar o no lo hubiese terminado. Por eso está bueno que uno tenga distintos intereses y poder entender cuándo son los momentos para cada cosa.


¿Qué Extrañás Alberti?

—¿Qué extraño de Alberti? Extraño mi familia, los olores, los sonidos... El hecho de que es una ciudad chica y siempre te sentís parte de una gran familia. A veces no soy consciente de muchas cosas cuando salgo a la calle porque siento que estoy entre conocidos y que las distancias son cortas. Extraño eso de no tener que pensar tanto en cuánto tiempo me lleva ir de un lugar a otro; acá las distancias son otras y tenés que pensarlo mucho, porque si te olvidaste algo en tu casa no podés volver a buscarlo como si nada por el tránsito. Otra cosa es tener cerca comercios como una panadería, una verdulería, una carnicería... Acá no existen, tenés que ir más lejos a un supermercado grande que tiene de todo pero es un trato despersonalizado. A mí me gusta esa cotidianidad de quien te conoce, sentir que es algo especial, las charlas con alguien que conozco y, en definitiva, un estilo de vida más tranquilo.


¿Y con respecto a tu trabajo y tu desarrollo profesional allá?

—Nunca me imaginé lo que me iba a costar desenvolverme y lograr que me respeten profesionalmente. Tuve que aprender un montón de cosas nuevas y transitar muchas situaciones: desde llegar y estar casi un año tratando de conocer gente, haciendo mi currículum y viendo cómo era el formato en otro idioma, hasta buscar la forma de escribirle a personas para tomar un café y conseguir trabajo, todo en medio de una recesión donde estaban echando a mucha gente. Mi primer trabajo fue empezar de cero, a pesar de ya tener experiencia en Argentina. Tuve que aprender programas nuevos de computación y cambiar mi forma de ver la arquitectura, porque el sistema constructivo usa otros materiales y las medidas pasan de centímetros y metros a pulgadas y pies. Con el tiempo fui poniéndome al nivel de los demás, superando barreras del idioma hasta que pasan los años y te manejás con mayor fluidez. A pesar de todo nunca bajé los brazos y seguí firme... Hasta logré que me dieran un premio como Mujer de Innovación en la Arquitectura en todo Oregón, de lo cual siento un gran orgullo porque, sabiendo de dónde vengo y por lo que tuve que pasar, ahora estoy establecida y formo parte de los directivos de la empresa donde trabajo.


Al final de la entrevista, destacó que adaptarse a un nuevo país implica un proceso profundo que va mucho más allá de lo cotidiano. "Eso es parte de una gran adaptación: no es solo adaptarte a la comida o a la parte social, sino cómo te adaptás cuando hiciste toda una carrera de siete años, te preparaste para una cosa y de repente te das cuenta de que todo te sirve pero tenés que adaptarte un montón a las reglas del lugar. Eso es una parte importante cuando uno piensa en mudarse: cómo se traslada la carrera de uno a otro país."


Aunque la distancia impone nuevos ritmos y desafíos, su historia demuestra que, sin importar lo lejos que se llegue ni los obstáculos del camino, el esfuerzo, la preparación y el orgullo por las propias raíces siguen siendo la base para construir un futuro en cualquier parte del mundo.



Albertinos por el mundo: De Alberti a los Alpes Suizos

Una historia de cambios, adaptación y nuevas experiencias

Eric Casey nació en Alberti y, como muchos jóvenes que deciden buscar nuevas oportunidades fuera de su lugar de origen, primero se trasladó a Buenos Aires para estudiar en la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, su recorrido no terminó allí. En enero de 2019 comenzó una experiencia que lo llevaría a vivir en distintos países y a conocer culturas muy diferentes a la argentina.

Primero se mudó a Suiza durante siete meses. Luego pasó tres años en Estados Unidos y, en 2022, regresó a Suiza, donde vivió inicialmente en Zürich. Desde hace un año reside en Biel, una ciudad más pequeña y bilingüe.

Su salida de Argentina comenzó por motivos profesionales. Como científico, explica que es bastante común trabajar durante algunos años en otros países. Lo que inicialmente parecía una experiencia temporal terminó convirtiéndose en un nuevo proyecto de vida para él y su familia.

Adaptarse a otro país no fue sencillo. La diferencia cultural, el idioma y las formas de organización de la sociedad hicieron que incluso algunas actividades cotidianas se transformaran en desafíos. Sin embargo, con el tiempo logró acostumbrarse a su nueva vida y descubrir aspectos de Suiza que hoy valora especialmente.


¿En qué país vivís actualmente y hace cuánto te mudaste?

Actualmente vivo en Suiza. Me fui de Argentina en enero de 2019. Primero me mudé a Suiza por siete meses, después estuve tres años en Estados Unidos y finalmente volví a Suiza en 2022. Inicialmente viví en Zürich y hace un año me mudé a una ciudad más chica que se llama biel.

¿Qué te motivó a irte de Alberti y posteriormente al extranjero?

Me fui de Alberti a Buenos Aires para estudiar en la Universidad de Buenos Aires. Después me fui al extranjero, al principio por cuestiones profesionales. Como científico, es bastante común trabajar dos o tres años en otros países. Al final, a mí y a mi familia nos gustó Suiza y terminamos quedándonos.

¿Cómo fue adaptarte a vivir en un país tan diferente a Argentina?

La adaptación fue difícil en varios aspectos. En Zürich se habla alemán, idioma que en ese entonces no conocía y que ahora tampoco conozco. Eso, sumado a las diferencias culturales con Argentina, hacía que cosas simples, como sacar un turno médico, fueran un desafío.

Una vez dediqué todo un día a sacar una fotocopia que necesitaba para obtener el permiso de residencia y ni siquiera lo logré. Ahora ya aprendí que las fotocopias se sacan en el correo y no en quioscos y librerías como en Argentina.

Normalmente, al principio uno está bastante perdido. Las leyes y la organización de la sociedad son muy diferentes y, si no sabés el idioma y no tenés a nadie que te ayude, la podés pasar bastante mal hasta que te acomodás.

¿Qué diferencias culturales notaste entre Argentina y Suiza?

Una diferencia muy importante son las relaciones interpersonales. En Argentina todo es más espontáneo, cotidiano y cercano. En Suiza, si bien la vida social es importante, las relaciones son más distantes.

La gente suele mudarse de ciudad y no vivir cerca de sus amigos o familiares. No se ven muy seguido y suelen hacer planes con mucha anticipación. Los encuentros espontáneos, en general, son imposibles. Eso hace que las familias estén más solas y que los encuentros con abuelos, tíos y primos sean mucho menos frecuentes.

Otra diferencia es que acá se vive más en comunidad y hay más uso de los espacios públicos.

La gente va a piletas de la ciudad, los estudiantes suelen compartir departamentos y hay muchos festivales e infraestructura de uso común.

También está el tema de los ruidos. Acá son muy quisquillosos con eso. Por ejemplo, los domingos no se puede cortar el pasto porque es muy ruidoso. Está prohibido y hasta te pueden mandar a la policía.

¿Qué es lo que más te gusta de vivir en Suiza?

Los espacios naturales. En Suiza es muy fácil acceder a ellos. Normalmente cada ciudad tiene un bosque cerca. Te metés en un bosque como si entraras en un parque y capaz te cruzás un ciervo.

Yo vivo a dos cuadras del bosque y en la ciudad en la que vivo actualmente también hay un río y un lago. Además, están los Alpes Suizos y llegar ahí es relativamente fácil.

Tener acceso fácil a esas cosas es lo que más me gusta de Suiza.

¿Qué es lo que más extrañás de Argentina?

La gente: mi familia y mis amigos. También la manera de relacionarse, poder hablar de cualquier tema y que la gente se involucre, que tenga ganas de juntarse y que eso no requiera un montón de planificación.

También extraño hablar y escuchar español de Argentina, las medialunas, los asados y la comida en general. La comida suiza es bastante mala. Y, por supuesto, la música. Si vas a un bar en Suiza, la música es muy distinta a la que se escucha en Argentina.

¿Cómo es un día normal en tu vida actualmente?

Entro a trabajar a las 7 y, como trabajo en otra ciudad, tengo casi una hora de viaje.

Normalmente voy en bici hasta la estación de mi ciudad, después tomo el tren y finalmente un colectivo de línea. Por eso arranco el día a las 5:30.

Normalmente trabajo hasta las 4 o 4:30. En Suiza las jornadas laborales suelen ser de ocho horas y media o nueve, sin contar los descansos.

Llego a mi casa aproximadamente a las 5:30 y, dependiendo de cuánta energía tenga, me quedo en casa con mi familia o llevo a mis hijos a pasar la tarde a algún lado.

En verano solemos ir a una pileta pública o al lago y cenamos ahí. En primavera y otoño normalmente vamos a algún parque con juegos o a pasear por el bosque. En invierno se hace de noche a las 4:30 o 5, así que se pueden hacer menos cosas.

¿A qué te dedicás actualmente?

Trabajo como científico de datos biomédicos. Trabajo en una empresa chica que desarrolló un anillo que detecta el flujo de sangre en el dedo y, con eso, calcula distintos parámetros biomédicos, como la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea. Entre otras cosas, yo hago algoritmos para calcular esos parámetros.

¿Tuviste dificultades con el idioma o las costumbres?

Sí, y las sigo teniendo. En Suiza hay tres idiomas oficiales: alemán, francés e italiano. Cada uno se habla en regiones que limitan con Alemania, Francia e Italia y también son diferentes culturalmente.

Además, hay un cuarto idioma, el romanche, que se habla solamente en una región bastante chica. En Zürich, donde viví los primeros tres años, se habla alemán, y donde estoy ahora vivo en una ciudad bilingüe donde se habla alemán y francés.

Afortunadamente, mucha gente en Suiza habla inglés, especialmente en las ciudades grandes, y eso hizo las cosas bastante más sencillas.

Una vida entre dos lugares

La experiencia de Eric muestra que mudarse a otro país no significa simplemente cambiar de lugar. También implica aprender nuevas costumbres, enfrentarse a dificultades y encontrar una nueva forma de relacionarse con el entorno. Lo que comenzó como una oportunidad profesional terminó convirtiéndose en una nueva vida para él y su familia.

Aunque reconoce que Suiza le ofrece espacios naturales y posibilidades que disfruta, hay cosas de Argentina que siguen teniendo un lugar importante en su vida: su familia, sus amigos, la comida, la música y, especialmente, la manera cercana y espontánea de relacionarse.

Su historia también muestra cómo una persona nacida en una ciudad como Alberti puede terminar construyendo su vida a miles de kilómetros de distancia, sin dejar completamente atrás el lugar del que partió.



martes, 18 de agosto de 2026

Albertinos por el mundo: "A veces, para empezar una nueva etapa, solo hace falta animarse a dar el primer paso."

 Entrevista a Gabriela Gomez: una vida recorriendo el mundo 🌎✈️


Gabriela Gomez es una diseñadora de indumentaria argentina que hace seis años decidió dejar el país para conocer nuevas culturas y buscar otras oportunidades. Lo que comenzó como un viaje a Italia para realizar la ciudadanía italiana terminó convirtiéndose en una experiencia que la llevó a vivir en distintos países, como Italia, Holanda, Dinamarca, Australia y actualmente Suiza.


A lo largo de estos años, Gabriela aprendió nuevos idiomas, se adaptó a diferentes formas de vida y conoció lugares increíbles. En esta entrevista nos cuenta cómo fue tomar la decisión de irse, qué cosas extraña de Argentina y qué aprendizajes le dejó vivir lejos de su país.


1. ¿Hace cuánto tiempo te fuiste de acá y por qué decidiste irte a otro país?


Me fui de Argentina hace seis años, antes de la pandemia. Al principio me fui a Italia para hacer la ciudadanía italiana, pero después de estar afuera me dieron ganas de seguir conociendo otros países y probar otras formas de vida.


En Argentina trabajaba muchísimo como diseñadora de indumentaria y además tenía mi propio emprendimiento. Sentía que trabajaba mucho para poder ahorrar muy poco. Con el tiempo me cansé de esa situación y quise conocer otros lugares, tener nuevas oportunidades y también disfrutar un poco más de la vida.


2. ¿Qué diferencias encontrás entre vivir acá y vivir en el país donde estás ahora?


Actualmente vivo en Suiza y una de las diferencias que más noto es la parte económica. También valoro mucho la seguridad, el orden, la limpieza y el respeto por las leyes.


Otra diferencia importante es la cantidad de vacaciones. En los países donde viví, dependiendo del trabajo, podía tener alrededor de 30 días o incluso más. Para mí eso mejora mucho la calidad de vida porque permite descansar, viajar y disfrutar más del tiempo libre.


3. ¿Qué es lo que más extrañás de acá desde que te fuiste?


Sin dudas, mi familia, mis sobrinos y mis amigos. Extraño juntarme a comer los domingos con mi familia, la comida argentina, las medialunas y esas pequeñas cosas que cuando vivís afuera empezás a valorar mucho más.


4. ¿Conociste otros países además del país donde vivís actualmente? ¿Cuál te gustó más y por qué?


Sí. Además de Argentina y Suiza, viví en Italia, Holanda, Dinamarca y Australia. También tuve la posibilidad de viajar bastante, especialmente por Asia.


Uno de los lugares que más me gustó fue Maldivas, por sus playas paradisíacas y porque me gusta mucho hacer buceo.


También me encanta Tailandia porque es bastante económica, tiene playas hermosas, comida muy rica, una cultura interesante y también permite hacer buceo. Es un lugar al que volvería.


5. ¿Qué fue lo que más te sorprendió o te costó cuando llegaste a vivir a otro país?


Lo que más me costó fue el idioma. Tuve que aprender italiano e inglés y ahora estoy intentando aprender un poco de alemán.


Para mí es importante aprender aunque sea lo básico del idioma del lugar donde vivo. Poder saludar, agradecer o pedir algo es una cuestión de respeto hacia la cultura y las personas.


También hay cosas pequeñas que llevan tiempo, como adaptarse al supermercado, descubrir qué marcas te gustan o saber dónde comprar cada cosa. Todo eso forma parte de adaptarse a un país nuevo.


6. ¿Cómo fue adaptarte a las costumbres y a la forma de vida de esos países?


En general me adapto bastante bien. Primero trato de observar y entender cómo funcionan las cosas antes de compararlas con Argentina.


Después de vivir en diferentes países entendí que no existe una única manera de hacer las cosas. Cada lugar tiene sus costumbres y reglas, y aprender a respetarlas te hace una persona mucho más abierta.


7. ¿Qué aprendiste de esta experiencia de vivir lejos de tu lugar de origen?


Aprendí a valorar mucho más las cosas pequeñas y el tiempo con las personas que quiero. Cuando vuelvo a Argentina trato de disfrutar más de mi familia y mis amigos porque vivir lejos te hace entender lo importantes que son.


También aprendí a empezar de cero, adaptarme, hablar otros idiomas y conocer culturas diferentes. Aprendí a ser más independiente, abierta y empática.


Además, aprendí a desapegarme de las cosas. Después de tantos años viviendo afuera, entendí que prácticamente toda mi vida puede entrar en dos valijas. No necesito tener muchas cosas para sentirme bien.


La experiencia de Gabriela demuestra que vivir en otro país no significa solamente conocer lugares nuevos, sino también aprender, adaptarse y crecer como persona. Alejarse de lo conocido puede ser difícil, especialmente cuando se extraña a la familia y los amigos, pero también puede abrir nuevas oportunidades y permitir descubrir otras formas de vivir.


Como consejo final, Gabriela invita a animarse a salir de la zona de confort y conocer otras culturas. No necesariamente hay que irse para siempre: una experiencia como una Working Holiday puede ser una buena oportunidad para viajar, trabajar, conocer personas, aprender y descubrirse a uno mismo.


A veces, para empezar una nueva etapa, solo hace falta animarse a dar el primer paso. ❤️🌎✈️

martes, 11 de agosto de 2026

Albertinos por el mundo: Nueva Vida

Damos inicio al ciclo de entrevistas de hoy viajando casi 10.500 kilómetros a través de internet pudiendo contactar con Agustina Villa, ex-alumna de nuestra escuela, la EESN 2 Pablo Pizzurno, y actualmente residente en Barcelona, España.  Quien formó una vida nueva hace casi 13 años y hoy nos cuenta cómo fueron sus experiencias, su choque cultural y sus vínculos.

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 - ¿Cómo fue que decidiste irte a Barcelona?

Decidí venir a Barcelona porque había estado viajando en el 2013, por Italia y España.

Cuando vine a Barcelona conocí un conocí a un chico empezamos una historia y después bueno yo me fui a Argentina, él fue a visitarme y al final decidí venirme a vivir acá, para poder seguir la relación en la que hoy es mi marido.




 - ¿Hace cuánto estás viviendo ahí?

Doce, hace casi trece años... que estoy viviendo en Barcelona.


 - ¿Cuál fue tu choque cultural más grande cuando llegaste?

El choque cultural más importante yo creo que fue... Yo vine a Barcelona en pleno auge del independentismo catalán, o sea que estaba como muy a flor de piel todo lo que es el tema de... del idioma, entonces yo creo que eso fue lo primero que... que más me... me chocó, no en el mal sentido, sino que fue como 'ah, bueno, o sea no es que aplica para todo', digamos, para los trabajos, para el estudio, eso fue como el primer choque cultural que tuve.


 - ¿Pensaste en volver?

No, nunca pensé en volver. Al principio me costó mucho adaptarme eh… porque estaba como en el proceso del duelo migratorio y lloraba casi todos los días, pero siempre tuve claro que no iba a…o sea, no quería volver, volver significaba irnos a vivir los dos allá y, bueno, en ese momento tampoco se podía por otras circunstancias, pero no, nunca... no, de hecho no, nunca lo pensé.


 - ¿Estudiaste en Argentina o en España?

Estudié en Argentina, estudié locución unos años, pero bueno, nunca ejercí ni nada. Trabajaba en otra parte que era más administrativa y nada que ver. Eh, y después cuando cuando ya me vine a estudiar a Barcelona, estuve algunos años trabajando sin formación y ya en el último, o sea en los últimos años sí que estuve estudiando y ahora estoy trabajando un poco relacionado a lo que estudié, digamos, que es en formación para la gente que está desempleada y bueno, que tiene que ver con recursos humanos e inserción laboral y ese tipo de perfil.


 - ¿Te seguiste profesionalizando allá?

Bueno, es más o menos lo que comentaba antes. Acá me profesionalicé porque bueno, tenía que estudiar algo como para tener un poco más de salida laboral y acá hay buenas formaciones que están subvencionadas, así que te insertan laboralmente. También me tuve que formar en catalán, porque si bien más o menos lo hablaba un poco, igual tenía que tomar clases para saber un poco más. 

Estoy trabajando de lo que estudié acá en Barcelona, en algo relacionado a recursos humanos.


 - ¿Hay algo de la cultura catalana que te haya gustado? ¿Y algo a lo que no hayas podido adaptarte?

De la cultura catalana, para generalizar un poco, una de las cosas que más me gustan es la comida. Hay algunas cosas que yo no estaba habituada a comer y me parece que acá sí, culturalmente por estar cerca del mar uno se acostumbra a otras cosas. Y después sí que me gustan algunas festividades que tienen, por ejemplo San Jordi, que es como no es el Día del Libro, pero es como una especie de cultura del libro, ¿no?, de festejar un poco eh la literatura. Y alguna otra festividad como San Juan, que también es una se festeja mucho y que bueno, que es el principio del verano, entonces se festeja y se tiran fuegos artificiales y nos juntamos todos y está bien. Son dos festividades que de las que más se festejan acá en Cataluña y de las que me gustan mucho. Y después, eh las que más me costó adaptarme... bueno, no sé, ahora estoy muy adaptada, pero al principio por ahí sí me costaba un poco como bueno, manejarme en ciertas cosas de lo que es tema trámites y burocracia y estas cosas que son las que más por ahí me me costó al principio. Pero bueno, a tener otro tipo de vida social que no estaba acostumbrada porque nosotros tenemos ciertos manejos que por ahí acá no se usan tanto. Pero básicamente no mucho, o sea, me adapté bastante bien. 


- ¿Cuáles fueron tus primeras experiencias con el Catalán? 

Mis primeras experiencias con el catalán fueron, como mi marido es catalán, con sus amigos que al final eran todos de aquí, entonces por ahí al principio me costaba un poco entenderlos, entonces cambiaban un poco al castellano, pero es su primera lengua, entonces a veces es muy difícil que no se dan cuenta y hablan en catalán. Pero bueno, es como todo, te acostumbras. Después sí que en los trabajos un poco también a buscar un poco las palabras para que la gente entendiera, no solo con el catalán, sino con el castellano en general, porque hay algunas cosas que en los trabajos cambian mucho. Y entonces hay gente que no te entiende tanto, sobre todo la gente más mayor. Y después ya de más fuerte fue cuando tenía que hacer alguna entrevista laboral en catalán y el trabajo por ahí en algunas personas que te hablan en catalán y no cambian, que también te puede pasar, y también hablaba en catalán. 



- ¿Hay comidas argentinas que extrañas?

¿Qué cosas qué comidas echo de menos de Argentina? Bueno, acá por suerte hay un poco de todo, o sea que no extraño tanto en sí la comida porque hay mucho acá. Pero bueno, no es lo mismo. Sí lo que más extraño y lo que menos hay son las facturas y las empanadas caseras, porque acá hay muchas empanadas pero son muy comerciales.


- Si pudieras llevarte 5 cosas de Argentina a Barcelona, ¿Qué te llevarías?

No me llevaría cosas, me llevaría gente. Me traería a mi familia, a mis hermanos, a mis sobrinos o amigas. Pero cosas no.


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Y así concluye este viaje virtual a Barcelona junto a Agustina. Su testimonio nos muestra la valentía de emprender un nuevo camino a miles de kilómetros, atravesando el duelo migratorio y adaptándose a una nueva cultura sin perder la esencia. Aunque hoy su vida y su profesión están del otro lado del océano, nos queda claro que las raíces albertinas siguen intactas: al final del día, lo que verdaderamente se echa de menos no cabe en una valija, sino en los abrazos de la familia y los amigos.

Agradecemos profundamente a Agustina por compartir su historia y abrirnos la puerta a su nueva vida ¡Hasta el próximo encuentro de Albertinos por el mundo!

Albertinos Por El Mundo: "Nuevos rumbos, nueva suerte" Alex Tomasi

Presentamos a Alex Tommasi, quien está viviendo actualmente en Gold Coast-Australia
¿Qué te llevó a decidir irte a vivir a otro país?

Me vine a vivir a Australia en agosto del 2023 porque estábamos viviendo con mi novia en Buenos Aires y la verdad es que trabajábamos pero para sobrevivir, ya no era vivir eso, no nos alcanzaba la plata, no podíamos ahorrar, no podíamos proyectar, no podíamos viajar y y bueno decidimos venirnos a Australia y probar nuevos rumbos. Nueva suerte, la verdad que por ahora nos está yendo bien así que en ese sentido nos fue bien."


 ¿Qué es lo que más extrañas de Alberti?

"Extraño profundamente Alberti. Cada día lo extraño obviamente, lo que más extraño es a mi familia, a mis amigos, los lugares que que uno recorría desde chico.
 Yo nací, crecí, viví en Alberti muchos años y es parte de mí, lo extraño y siempre lo voy  extrañar y todos los días fantaseo con volver a Alberti así que ya prontito estaré por allá"

Cuando llegaste al nuevo país, ¿Qué fue lo que más te sorprendió?

"Una de las cosas que más me sorprendió cuando llegue acá a Gold Coast fue la limpieza. La limpieza que hay en las calles es impresionante, el orden y la tranquilidad.
 Esta es una ciudad turística, también es una ciudad muy familiar, hay surf, es un ambiente de vida natural y de vida al aire libre muy linda y muy tranquila. Esa es una de las cosas que más me sorprendió" esas fueron las palabras con las que describió Alex a Australia



¿Te costó adaptarte a la nueva forma de vivir, a las costumbres o a la gente?

"Al principio sí me costó adaptarme a la forma de vivir de Australia porque en Argentina nosotros somos muy trasnochadores. uno en Argentina a las nueve o diez de la noche recién está cenando y se acuesta a dormir a las doce de la noche o a veces a la una o se junta una o dos veces por semana con los amigos y demás, acá sin embargo es completamente distinto, por lo general se está cenando a eso de las 6:00 7:00 pm como mucho a las 8:00pm para las 10:00pm ya están todos durmiendo. Eso eso fue un golpe muy duro que hasta el día de hoy me está costando, pero bueno, ya uno se va acostumbrando y cada vez nos cuesta menos dormir temprano, otra no queda"

¿Cómo fue hacer nuevos amigos y empezar a relacionarte con personas que tenían otra cultura?

"En cuanto a hacer nuevos amigos, acá hay demasiada migración latina entonces los amigos que yo hice fueron latinos, ya sean argentinos, españoles, colombianos, ecuatorianos y demás pero no australianos. En mi trabajo tampoco es que tengo tanta relación con australianos, yo me relaciono más con un grupo latino pero los australianos son súper buena onda y los pocos que conozco así del día a día me siempre están predispuestos, son buena onda, me trataron siempre bien y demás "
   
 
Alex apostó por una nueva vida sin experiencia junto a su esposa para salir de la monótona vida que lo estaba degastando, fue una decisión llena de desafíos e incertidumbre pero también de sueños y esperanzas. Se animó a confiar en lo que venia, demostrando que a veces hay que dejar el miedo de lado y arriesgarse para buscar un futuro mejor.

ROMI ROJO - AYLEN ARCE  - MAGUI DELGADO - MORENA TERRILE - DALMA ALVAREZ

Albertinos por el mundo: "Fue una decisión muy personal, quería sentirme mas libre."

Por: Valen Stazzoni y Bren Bilbao


En esta ocasión, tenemos la oportunidad de entrevistar a Brenda Meledy, egresada de comunicación de la Escuela Secundaria N.º 2 de Alberti, quien actualmente reside en Italia. A lo largo de esta entrevista, Brenda nos compartirá su experiencia de vida, y reflexionaremos sobre el proceso de adaptación que implica enfrentarse a una nueva cultura y comenzar una vida en otro país.


—¿Hace cuánto vivís en Italia?

—Vivo en Italia desde abril de 2025.


—¿En qué parte de Italia vivís actualmente?

—Vivo en Oliveri, un pueblo de Sicilia, al sur de Italia. Desde que llegué vivo ahí.


—¿A qué edad te fuiste?

—Me fui a los 26 años. Hoy tengo 27.


—¿Cuáles fueron las razones por las que decidiste mudarte?

—No fue porque quisiera dejar Argentina, ni por cuestiones económicas. No sentía que el país me estuviera expulsando de alguna manera. Fue una decisión muy personal, quería sentirme más libre, conocer otros lugares, personas y experiencias. Sentía que mi vida se estaba volviendo muy monótona y no quería perderme la oportunidad de vivir en otro país, ampliar mis horizontes y generar nuevas oportunidades de crecimiento personal y laboral.


—¿Tu decisión fue fácil de concretar o hubo obstáculos?

—No fue para nada fácil. Pasaron dos años desde que surgió la idea hasta que pude concretarla. Principalmente por cuestiones burócraticas que están más allá de nuestras manos, como trámites y visas, que posponen el plan. También hubo un trabajo interno muy importante de entender la realidad de un cambio tan grande, el por qué quería hacerlo y estar segura de la decisión. Un gran trabajo psicológico en el que uno lucha con los obstáculos mentales que uno tenga, como también familiares y económicos.


—¿Te costó mucho adaptarte?

—No demasiado. Me considero una persona con gran capacidad de adaptación a diferentes entornos y la gente de Sicilia es muy parecida a la de Argentina: cálida, amable, simpática, cercanos y familieros. Además, fue muy importante haber estudiado italiano antes de viajar, ya que hizo que el idioma no fuera un choque tan grande y acá lo seguí perfeccionando. No deja de ser otro país por lo que adaptarse es un proceso continuo que tiene distintas profundidades, no es igual a lo que tuve que adaptarme el primer mes a lo que tengo que adaptarme hoy, por ejemplo.


—¿Qué estudiaste?

—Estudié la carrera "Gestión de Medios y Entretenimiento" en Buenos Aires. Me fui a vivir allí a los 18 años y permanecí ahí hasta mudarme a Italia.


—¿Y con respecto a tu trabajo?

—Trabajo en una empresa argentina que coordina cursos paramédicos. Estoy en la coordinación de esos cursos y es el mismo trabajo que tenía antes de mudarme. No es el trabajo que más me apasiona, pero me es funcional al estilo de vida que llevo hoy porque es online (ya que es una empresa Argentina), flexible y de medio tiempo.


—¿Qué es lo que más te gusta del lugar en el que vivís?

—Lo que más disfruto es vivir rodeada de naturaleza. Estoy a pocas cuadras del mar, cerca de las montañas y en un pueblo muy tranquilo, de aproximadamente mil habitantes. Poder caminar y hacer actividades en lugares tan lindos es algo que valoro mucho.


—¿Extrañás Alberti?

—Más que extrañarlo, lo recuerdo con mucha nostalgia y cariño. 


Al final de la entrevista, destacó que mudarse a otro país no significa dejar atrás sus propias raíces, sino llevarlas siempre con uno. "Cuando uno hace estos movimientos siempre lleva sus raíces con uno y aparece siempre en el discurso de encontrarse con el otro, pero por ahora no pienso volver a instalarme en Alberti. Sí me gustaría regresar de visita, de vacaciones o pasar una temporada."

Aunque hoy no se imagina viviendo nuevamente en Alberti, asegura que el lugar seguirá siendo una parte importante de su historia y de su identidad.